El cielo se gana por favores. Si fuera por méritos usted se quedaría afuera y su perro entraría.

Mark Twain

En la vejez no se hace más que repetirse.

Pío Baroja

Quien no tiene confianza en el hombre, no tiene ninguna en Dios.

George Chapman

La fidelidad es el esfuerzo de un alma noble para igualarse a otra más grande que ella.

Johann Wolfgang Goethe

En un bosque se bifurcaron dos caminos, y yo... Yo tomé el menos transitado. Esto marcó toda la diferencia.

Robert Lee Frost

No se llega a gran hombre si no se tiene el coraje de ignorar una infinidad de cosas inútiles.

Carlo Dossi

Yo devoro mi existencia con un apetito insaciable. Cómo terminará todo esto, lo ignoro.

Pier Paolo Pasolini

Lo mejor es salir de la vida como de una fiesta, ni sediento ni bebido.

Aristóteles

El que va acompañado de una linda mujer sabe que los amigos hallados en la calle tienen siempre más cosas que decir que cuando vamos solos.

Enrique Jardiel Poncela

El pensador sabe considerar las cosas más sencillas de lo que son.

Friedrich Nietzsche

François de la Rochefoucauld

François de la Rochefoucauld


La confianza sirve en las conversaciones más que el ingenio.


Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición.


Si una persona parece cuerda es sólo porque sus locuras son proporcionadas a su edad y estado.


Lo que hace que la mayoría de las mujeres sean tan poco sensibles a la amistad es que la encuentran insípida luego de haber probado el gusto del amor.


El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto.


La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.


Los celos se nutren de dudas y la verdad los deshace o los colma.


La gloria de los grandes hombres debe medirse siempre por los medios que han empleado para adquirirla.


Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.


Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos.


Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello que está fuera de su alcance.


Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.


Los apellidos famosos, en lugar de enaltecer, rebajan a quienes no saben llevarlos.


Es más vergonzoso desconfiar de los amigos que ser engañado por ellos.


La felicidad reside en los gustos y no en las cosas; somos felices cuando tenemos lo que nos gusta y no cuando tenemos lo que los demás encuentran agradable.


Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos.


Nunca otra cosa damos con tanta liberalidad como nuestros consejos.


A menudo se juzga a los hombres por el crédito de que gozan o por las riquezas que poseen.


Las personas afortunadas se corrigen poco: Creen tener siempre razón mientras la fortuna sostiene su mala conducta.


La gratitud de muchos no es más que la secreta esperanza de recibir beneficios nuevos y mayores.


No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay.


A los viejos les gusta dar buenos consejos, para consolarse de no poder dar malos ejemplos.


Lo que hace que los amantes no se aburran nunca de estar juntos es que se pasan el tiempo hablando siempre de sí mismos.


El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla.


El amor propio es el peor de los aduladores.


El verdadero valor consiste en hacer uno sin testigos lo que sería capaz de hacer ante todo el mundo.


La libre comunicación de los pensamientos y las opiniones es uno de los derechos más preciados por el hombre.


La verdad no hace tanto bien en el mundo como el daño que hacen sus apariencias.


Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.


El medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás.


Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente.


No hay accidente, por desgraciado que sea, del que los hombres hábiles no obtengan provecho.


Cuanto más se ama a un amante, más cerca se está de odiarle.


Para hacerse una posición en el mundo, es preciso hacer todo lo posible para hacer creer que ya se tiene.


Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen.


El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo.


Los hombres no vivirían mucho tiempo en sociedad si no se engañaran unos a otros.


La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, lo mismo que el viento apaga las velas y aviva las hogueras.


Si juzgamos el amor por la mayor parte de sus efectos, se parece más al odio que a la amistad.


La hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la virtud.


La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso.


No se desprecia a todos los que tienen vicios, pero sí a los que no tienen ninguna virtud.


Nunca somos tan felices ni tan infelices como pensamos.


Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros.


Hay muchos remedios que curan el amor; pero ninguno infalible.


La vejez es un tirano que prohíbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.


Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.


Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio.


La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias sólo a nuestra vanidad.


Se perdona mientras se ama.


La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.


No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones.


Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte.


El daño que hacemos no nos trae tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades.


El deseo de parecer listo impide el llegar a serlo.


Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Sólo los superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible.


Nunca se tiene la libertad de amar o de dejar de amar.


Hay poca gente lo bastante cuerda que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.


La esperanza, no obstante sus engaños, nos sirve al menos para llevarnos al fin de la existencia por un camino agradable.


Un amigo verdadero es el más grande de todos los bienes y el que menos nos cuidamos de adquirir.


En los celos hay más amor propio que amor.


Todos poseemos suficiente fortaleza para soportar la desdicha ajena.


Es más necesario estudiar a los hombres que a los libros.


No hay tonto más molesto que el ingenioso.


Es más fácil conocer al hombre en general que a un hombre en particular.


La debilidad de carácter es el único defecto que no se puede enmendar.


Es una prueba de poca amistad no darse cuenta del retraimiento de la de nuestros amigos.


Solemos perdonar a los que nos aburren, pero no perdonamos a los que aburrimos.


La verdadera prueba de que se ha nacido con grandes cualidades estriba en haber nacido sin envidia.


Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.


El mundo recompensa antes las apariencias de mérito que al mérito mismo.


La esperanza y el temor son inseparables y no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor.


Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera.


La filosofía triunfa con facilidad sobre las desventuras pasadas y futuras, pero las desventuras presentes triunfan sobre la filosofía.


No se debe juzgar a un hombre por sus cualidades, sino por el uso que hace de ellas.


Los celos nacen del amor, pero no mueren con éste.


Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.


Aunque los hombres se jacten de sus grandes acciones, muchas veces no son el resultado de un gran designio, sino puro efecto del azar.


Como pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no los has sabido guardar.


Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.


No se elogia, en general, sino para ser elogiado.


Nada impide tanto ser natural como el deseo de parecerlo.


Amamos siempre a los que nos admiran, pero no siempre a los que admiramos.


Si en los hombres no aparece el lado ridículo, es que no lo hemos buscado bien.


Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.


Perdonamos fácilmente a nuestros amigos los defectos en que nada nos afectan.


El mejor medio de conservar los amigos es no pedirles ni deberles nada.


Es muy difícil que dos que ya no se aman, riñan de verdad.


Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos.



François de la Rochefoucauld

François de la Rochefoucauld, (1613-1680) Escritor francés.