A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Refrán

Para que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, habrá que esconderla de la conciencia.

Simone Weil

Las personas debemos el progreso a los insatisfechos.

Aldous Huxley

Es locura manifiesta vivir precariamente para poder morir rico.

Juvenal

Los niños y los locos dicen las verdades.

Refrán

Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser.

Johann Wolfgang Goethe

De los fumadores podemos aprender la tolerancia. Todavía no conozco uno solo que se haya quejado de los no fumadores.

Alessandro Pertini

Amigos. Nadie más. El resto es selva.

Jorge Guillén

La conciencia es un instinto que nos lleva a juzgarnos a la luz de las leyes morales.

Immanuel Kant

Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... yo no sé qué te diera por un beso.

Gustavo Adolfo Bécquer

Francisco de Quevedo


Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga.


Bien puede haber puñalada sin lisonja, mas pocas veces hay lisonja sin puñalada.


Ser tirano no es ser, sino dejar de ser, y hacer que dejen de ser todos.


El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos.


Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más.


Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos.


Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez.


El amor es fe y no ciencia.


Muchos vencimientos han ocasionado la consideración, y muchas victorias ha dado la temeridad.


El temor empieza toda sabiduría, y quien no tiene temor, no puede saber.


No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada.


La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.


Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho.


Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.


La adulación, bajeza del que adula; engaño del adulado y aún bajeza de los dos; porque su bajeza muestra el que gusta de su adulación, que no se fía en el valor de sus méritos.


Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir.


Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una.


Muchos son los buenos, si se da crédito a los testigos; pocos, si se toma declaración a su conciencia.


No se ganan los hombres con favores sin obras.


Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.


El consejo del escarmiento las más de las veces llega tarde.


Mejor se puede disculpar el que se muere de miedo, que el que de miedo se mata: porque allí obra sin culpa la naturaleza; y en éste, con delito y culpa, el discurso apocado y vil.


Si haces bien para que te lo agradezcan, mercader eres, no bienhechor; codicioso, no caritativo.


Lo que en la juventud se aprende, toda la vida dura.


El amor es la última filosofía de la tierra y del cielo.


El general ha de ser considerado, y el soldado obediente.


Apocarse es virtud, poder y humildad; dejarse apocar es vileza y delito.


Matan los médicos y viven de matar, y la queja cae sobre la dolencia.


No es sabio el que sabe donde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca.


No vive el que no vive seguro.


El mayor despeñadero, la confianza.


El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.


La justicia es una constante y perpetúa voluntad de dar a cada uno lo que le toca.


Bien acierta quien sospecha que siempre yerra.


Ninguna cosa despierta tanto el bullicio del pueblo como la novedad.


Quien deja vivo al ofendido, ha de temer siempre a la venganza.


Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres.


Conviene vivir considerando que se ha de morir; la muerte siempre es buena; parece mala a veces porque es malo a veces el que muere.


El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen.


La astrología es una ciencia que tienen por golosina los cobardes, sin otro fundamento que el crédito de los supersticiosos. Es un falso testimonio que los hombres mal ocupados levantan a las estrellas.


No hay amor sin temor de ofender o perder lo que se ama.


Si quieres que te sigan las mujeres, ponte delante.


Poderoso caballero es Don Dinero.


Matarse por no morir es ser igualmente necio y cobarde.


La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.


Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la honra.


El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar.


El exceso es el veneno de la razón.


Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan.


La posesión de la salud es como la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta, no se goza. 


Sólo el que manda con amor es servido con fidelidad.


Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.


Vive sólo para ti si pudieres, pues sólo para ti si mueres, mueres.


Virtud envidiada es dos veces virtud.


Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado.


Una sola piedra puede desmoronar un edificio.


No se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa.


El avaro visita su tesoro por traerle a la memoria que es su dueño, carcelero de su moneda.


El rico come; el pobre se alimenta.


Es la vida un dolor en que se empieza el de la muerte, que dura mientras dura ella.


En los más ilustres y gloriosos capitanes y emperadores del mundo, el estudio y la guerra han conservado la vecindad, y la arte militar se ha confederado con la lección. No ha desdeñado en tales ánimos la espada a la pluma. Docto símbolo de esta verdad es la saeta: con la pluma vuela el hierro que ha de herir.


La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política.


La guerra es de por vida en los hombres, porque es guerra la vida, y vivir y militar es una misma cosa.


El ocio es la pérdida del salario.


Siempre se ha de conservar el temor, más jamás se debe mostrar.


El amor a la patria siempre daña a la persona.


El consejo, bueno es; pero creo que es de las medicinas que menos se gastan y se gustan.


El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien.




Francisco de Quevedo, (1580-1645) Escritor español.