Quien no vive de algún modo para los demás, tampoco vive para sí mismo.

Michel Eyquem de Montaigne

La misma debilidad de Dios procede de su omnipotencia.

San Agustín de Hipona

En este triste país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos.

Mariano José de Larra

La ley es el lecho por donde pasa el torrente de los hechos.

Émile Boutroux

Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata.

Gabriel García Márquez

La creatividad requiere tener el valor de desprenderse de las certezas.

Erich Fromm

La única simplicidad que vale la pena de conservar es la del corazón, la simplicidad que acepta y goza.

Gilbert Keith Chesterton

Son vanas y están plagadas de errores las ciencias que no han nacido del experimento, madre de toda certidumbre.

Leonardo Da Vinci

El infierno está lleno de músicos aficionados.

George Bernard Shaw

El político debe hablar y obrar muchas veces sin haber pensado ni leído.

Thomas Macaulay

Napoleón Bonaparte


Las mujeres no son otra cosa que máquinas de producir hijos.


No hay que temer a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que tienen otra opinión pero son demasiado cobardes para manifestarla.


La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo.


Hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo.


Una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición.


Si la obediencia es el resultado del instinto de las muchedumbres, el motín es el de su reflexión.


Los sabios son los que buscan la sabiduría; los necios piensan ya haberla encontrado.


La mayor parte de aquellos que no quieren ser oprimidos, quieren ser opresores.


La mejor forma de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás.


Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los Gobiernos para adormecer a sus gobernados.


Nos batimos más por nuestros intereses que por nuestros derechos.


El coraje no se puede simular: es una virtud que escapa a la hipocresía.


La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas.


Cuando no se teme a la muerte, se la hace penetrar en las filas enemigas.


El más peligroso de nuestros consejeros es el amor propio.


Discutir en el peligro es apretar el dogal.


Hay tantas leyes que nadie está seguro de no ser colgado.


Se puede aplastar una nación religiosa, pero no dividirla.


Imponer condiciones excesivamente duras es dispensar de su cumplimiento.


De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso.


Un hombre de estado debe tener el corazón en la cabeza.


Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un modo de preservar a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.


Sólo hay dos palancas que muevan a los hombres: el miedo y el interés.


La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.


El mal de la calumnia es semejante a la mancha de aceite: deja siempre huellas.


Si la perfección no fuera quimérica, no tendría tanto éxito.


A veces una batalla lo decide todo, y a veces la cosa más insignificante decide la suerte de una batalla.


A la mayor parte de los que no quieren ser oprimidos no les disgustaría ser opresores.


Interpretar la ley es corromperla, los abogados las matan.


El método más seguro de permanecer pobre es, sin duda, ser una persona franca.


Cuando quiero que un asunto no se resuelva lo encomiendo a un comité.


La opinión pública es un poder al que nada resiste.


El que sólo practica la virtud para conquistar una gran reputación está muy cerca de caer en el vicio.


Una gran reputación es un gran ruido: cuando más aumenta, más se extiende; caen las leyes, las naciones, los monumentos; todo se desmorona. Pero el ruido subsiste.


La muerte es un ensueño sin ensueños.


Para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común.


La policía a veces inventa más de lo que descubre.


Cada uno de los movimientos de todos los individuos se realizan por tres únicas razones: por honor, por dinero o por amor.


Tan tranquilas son las personas honradas y tan activas las pícaras, que a menudo es necesario servirse de las segundas.


Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.


En política hay que sanar los males, jamás vengarlos.


Con audacia se puede intentar todo, mas no conseguirlo todo.


¿Queréis contar a vuestros amigos? Caed en el infortunio.


Podemos detenernos cuando subimos, pero nunca cuando descendemos.


La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria.


La envidia es una declaración de inferioridad.


Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes.


El amor es una tontería hecha por dos.


Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado.


Hace falta más valor para sufrir que para morir.


En la guerra como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca.


La victoria pertenece al más perseverante.


El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre.




Napoleón Bonaparte, (1769-1821) Emperador francés.