El amor a la patria es más patente que la razón misma.

Ovidio

Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos.

Oscar Wilde

El principio de la educación es predicar con el ejemplo.

Anne Robert Jacques Turgot

Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho.

Francisco de Quevedo

En la guerra como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca.

Napoleón Bonaparte

Un periódico consta siempre del mismo número de palabras, haya noticias o no las haya.

Henry Fielding

Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma.

Miguel de Cervantes Saavedra

Es sincero el dolor del que llora en secreto.

Marco Valerio Marcial

La muerte no os concierne ni vivo ni muerto: vivo, porque sois; muerto porque ya no sois.

Michel Eyquem de Montaigne

Huye de los elogios pero trata de merecerlos.

Fénelon


Mariano José de Larra


En atención a que no tengo gran memoria, circunstancia que no deja de contribuir a esta especie de felicidad que dentro de mí mismo me he formado...


Para el elogio corre nuestra pluma rápidamente. Cuando se trata, empero, de vituperar, sólo a fuerza de horas podemos dar concluído a la prensa el artículo más conciso.


¡Bienaventurados los que no hablan; porque ellos se entienden!


La inteligencia ha sido en todos los tiempos la reina del mundo y ha vencido las preocupaciones.


Y el gran lazo que sostiene a la sociedad es, por una incomprensible contradicción, aquello mismo que parecería destinado a disolverla; es decir, el egoísmo.


Las circunstancias hacen a los hombres hábiles lo que ellos quieren ser, y pueden con los hombres débiles.


En el matrimonio es preciso contar con cualidades que resistan, que duren, y las grandes pasiones pasan pronto; al paso que una condición apacible en todos tiempos es buena.


Generalmente, se puede asegurar que no hay nada más terrible en la sociedad que el trato de las personas que se sienten con alguna superioridad sobre sus semejantes.


Los amores más duraderos son aquellos en que uno de los dos amantes es extraordinariamente celoso.


Hay cosas que no tienen solución, y son las que más.


El sentimiento es un flor delicada, manosearla es marchitarla.


¡Bienaventurado todo aquel a quien la mujer dice "no quiero", porque ése, a lo menos, oye la verdad!


El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.


Ley implacable de la naturaleza: o devorar, o ser devorado. Pueblos e individuos, o víctimas o verdugos.


El talento no ha de servir para saberlo y decirlo todo, sino para saber lo que se ha de decir de lo que se sabe.


¿En dónde ve el pueblo español su principal peligro, el más inminente? En el poder dejado por una tolerancia mal entendida.


En este triste país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos.


Las teorías, las doctrinas, los sistemas se explican; los sentimientos se sienten.


Muchas cosas me admiran en este mundo: esto prueba que mi alma debe pertenecer a la clase vulgar, al justo medio de las almas; sólo a las muy superiores, o a las muy estúpidas, les es dado no admirarse de nada.


Los madrileños se acercan al circo a ver un animal tan bueno como hostigado, que lidia con dos docenas de fieras disfrazadas de hombres.


Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta.


Por grandes y profundos que sean los conocimientos de un hombre, el día menos pensado encuentra en el libro que menos valga a sus ojos, alguna frase que le enseña algo que ignora.


Las circunstancias... palabras vacías de sentido con que trata el hombre de descargar en seres ideales la responsabilidad de sus desatinos.


Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.


La modestia no es otra cosa que el orgullo vestido de máscara.


En punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere.


La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino a través del cieno.


Un pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas.


El público siente en masa y reunido de una manera muy distinta que cada uno de sus individuos en particular.



Mariano José de Larra

Mariano José de Larra, (1809-1837) Escritor español.