Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos.

Jacinto Benavente

La práctica debería ser producto de la reflexión, no al contrario.

Hermann Hesse

La espiral de la violencia sólo la frena el milagro del perdón.

Juan Pablo II

Si me detengo a reflexionar en lo que es propio decir a ésta o aquella persona, pronto dudaré que exista una parte de mi relato que con propiedad pueda contarse.

Thomas De Quincey

Las tres cosas más difíciles de esta vida son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo.

Benjamin Franklin

La envidia, el más mezquino de los vicios, se arrastra por el suelo como una serpiente.

Ovidio

Disminuye el deseo de todas las cosas cuando la ocasión es demasiado fácil.

Plinio el Joven

Vivir no consiste en respirar sino en obrar.

Mao Tse-Tung

Hazles comprender que no tienen en el mundo otro deber que la alegría.

Paul Claudel

Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él.

George Bernard Shaw

Miguel de Cervantes Saavedra


Sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo.


Los celos se engendran entre los que bien se quieren, del aire que pasa, del sol que toca y aun de la tierra que se pisa.


Sea moderado tu sueño; que el que no madruga con el sol, no goza del día.


Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.


Al poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas como quiera, sino el saberlas gastar.


La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde.


Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma.


Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta.


El agradecimiento que sólo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras.


¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!


En la tardanza dicen que suele estar el peligro.


No hay pecado tan grande, ni vicio tan apoderado que con el arrepentimiento no se borre o quite del todo.


El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza.


Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.


La poesía tal vez se realza cantando cosas humildes.


Tanto más fatiga el bien deseado cuanto más cerca está la esperanza de poseerlo.


Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.


Las armas requieren espíritu como las letras.


Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. Algunos creo que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí mismos.


Un padre para cien hijos, antes que cien hijos para un padre.


La ingratitud es hija de la soberbia.


Lo que el cielo tiene ordenado que suceda, no hay diligencia ni sabiduría humana que lo pueda prevenir.


Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas.


La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso.


Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.


En los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados.


Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.


El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.


Sobre el cimiento de la necedad, no asienta ningún discreto oficio.


La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.


Donde una puerta se cierra, otra se abre.


Los delitos llevan a las espaldas el castigo.


¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?


Me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre, cada individuo es una variedad de su especie.


Ninguna ciencia, en cuanto a ciencia, engaña; el engaño está en quien no la sabe.


Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles.


Las honestas palabras nos dan un claro indicio de la honestidad del que las pronuncia o las escribe.


Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.


El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa.


Andan el pesar y el placer tan apareados que es simple el triste que se desespera y el alegre que se confía.


Amistades que son ciertas nadie las puede turbar.


La pluma es la lengua del alma.


Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo.


La buena y verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada.


Las sentencias cortas se derivan de una gran experiencia.


El amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento.


Adonde interviene el favor y las dádivas, se allanan los riscos y se deshacen las dificultades.


Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de tercero.


Más vale el buen nombre que las muchas riquezas.


La mujer ha de ser dueña, y parecerlo, que es más.


No desees y serás el hombre más rico del mundo.


La abundancia de las cosas, aunque no sean buenas, hacen que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo.


La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.


El año que es abundante de poesía, suele serlo de hambre.


Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener.


Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.


La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.


El hacer el padre por su hijo es hacer por sí mismo.


No ames lo que eres, sino lo que puedes llegar a ser.


No hay cosa más excusada y aun perdida que el contar el miserable sus desdichas a quien tiene el pecho colmado de contentos.


Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas.


Mientras se gana algo no se pierde nada.


No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmalazado.


¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!


¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!.


El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.


De las miserias suele ser alivio una compañía.


Puede haber amor sin celos, pero no sin temores.


Al bien hacer jamás le falta premio.


En las cortesías antes se ha de pecar por carta de más que de menos.


El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos.


Siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos.


La rabia de los celos es tan fuerte que fuerza a hacer cualquier desatino.


Más vale la pena en el rostro que la mancha en el corazón.


No puede haber gracia donde no hay discreción.




Miguel de Cervantes Saavedra, (1547-1616) Escritor español.