El buen juez no ha de torcer las leyes a su condición, sino torcer su condición conforme a las leyes.

Fray Antonio de Guevara

La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares.

Ambrose Bierce

La alegría más grande es la inesperada.

Sófocles

Donde mora la libertad, allí está mi patria.

Benjamin Franklin

Un hombre de estado debe tener el corazón en la cabeza.

Napoleón Bonaparte

"Dicen que".... es ya media mentira.

Thomas Fuller

Perdonar es no tener demasiado en cuenta las limitaciones y defectos del otro, no tomarlas demasiado en serio, sino quitarles importancia, con buen humor, diciendo: ¡sé que tú no eres así!

Robert Spaemann

Los hombres que tienen los mismos vicios se sostienen mutuamente.

Juvenal

La muerte de Freud, según Ernest Jones, fue el incidente que causó la ruptura definitiva entre Hemholtz y Freud, prueba de ello es que en muy contadas ocasiones volvieron a dirigirse la palabra.

Woody Allen

No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida.

Simone de Beauvoir

San Agustín de Hipona

San Agustín de Hipona


Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.


Una virtud simulada es una impiedad duplicada: a la malicia une la falsedad.


Nadie niega a Dios, sino aquel a quien le conviene que Dios no exista.


Creo para comprender, y comprendo para creer mejor.


En el Cielo dicen Aleluya, porque en la Tierra han dicho Amén.


Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.


No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad.


El pasado ya no es y el futuro no es todavía.


Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos predispone al pecado.


Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.


Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida.


La medida del amor es amar sin medida.


Se aferran a su parecer, no por verdadero sino por suyo.


El que no tiene celos no está enamorado.


El mundo no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo.


Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos.


No te aflijas, sino alégrate de preferir ser, aún siendo miserable.


Así como la verdad se produce por la medida, así la medida se produce por la verdad.


Da lo que mandas y manda lo que quieras.


El alma desordenada lleva en su culpa la pena.


Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros.


No hay riqueza más peligrosa que una pobreza presuntuosa.


Todo el que cree, piensa. Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula.


Los que no quieren ser vencidos por la verdad, son vencidos por el error.


El hombre no reza para dar a Dios una orientación, sino para orientarse debidamente a sí mismo.


Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta.


No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; las virtudes son las que hacen los buenos tiempos, y los vicios los que los vuelven malos.


No se accede a la verdad sino a través del amor.


Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo que pasa de ahí, es agobio, no alivio; apesadumbra en vez de levantar.


La misma debilidad de Dios procede de su omnipotencia.


Una vez al año es lícito hacer locuras.


Así como toda carencia es desgracia, toda desgracia es carencia.


Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.


En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad.


Amad a esta Iglesia, permaneced en esta Iglesia, sed vosotros esta Iglesia.


Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.


No hubo tiempo alguno en que no hubiese tiempo.


Conviene matar el error, pero salvar a los que van errados.


Casarse está bien. No casarse está mejor.


¿Qué es, pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.


La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir, la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche.


Las lágrimas son la sangre del alma.


En el jardín de la Iglesia se cultivan: Las rosas de los mártires, los lirios de las vírgenes, las yedras de los casados, las violetas de las viudas.


La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.


Si dudo, si me alucino, vivo. Si me engaño, existo. ¿Cómo engañarme al afirmar que existo, si tengo que existir para engañarme?


La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.


Si somos arrastrados a Cristo, creemos sin querer; se usa entonces la violencia, no la libertad.


La necesidad no conoce leyes.


Conócete, acéptate, supérate.


Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan.


Donde no hay caridad no puede haber justicia.


Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.


Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.


La ociosidad camina con lentitud, por eso todos los vicios la alcanzan.


Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti.


Existirá la verdad aunque el mundo perezca.


Quien toma bienes de los pobres es un asesino de la caridad. Quien a ellos ayuda, es un virtuoso de la justicia.


Una cosa es haber andado más camino y otra, haber caminado más despacio.


Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos.


Aprueba a los buenos, tolera a los malos y ámalos a todos.


Equivocarse es humano, perseverar voluntariamente en el error es diabólico.


La razón no se sometería nunca, si no se juzgase que hay ocasiones en que debe someterse.


Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad.


La Ley ha sido dada para que se implore la gracia; la gracia ha sido dada para que se observe la ley.


El amor es una perla preciosa que, si no se posee, de nada sirven el resto de las cosas, y si se posee, sobra todo lo demás.


Ante todo debéis guardaros de las sospechas, porque este es el veneno de la amistad.


Aquél que no es celoso no está enamorado.


Errar es humano; perseverar en el error es diabólico.



San Agustín de Hipona

San Agustín de Hipona, (354-430) Obispo y filósofo.