Cuando el hombre se aparta de Dios, no es Dios quien le persigue, sino los ídolos.

Benedicto XVI

Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos.

Buda

Si los hombres, una vez que han hallado la verdad, no volviesen a retorcerla, me daría por satisfecho.

Johann Wolfgang Goethe

El orden social a cambio de libertad es un mal trato.

Marqués de Sade

Así como la verdad se produce por la medida, así la medida se produce por la verdad.

San Agustín de Hipona

Al ser humano le parece tan extraño existir que las preguntas filosóficas surgen por sí solas.

Jostein Gaarder

Los hombres que tienen los mismos vicios se sostienen mutuamente.

Juvenal

Es más fácil luchar por unos principios que vivir de acuerdo con ellos.

Alfred Adler

La diferencia engendra odio.

Stendhal

Los hombres no son sino los instrumentos del genio del universo.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Thomas Carlyle


Tarea delicada la de apaciguar muchedumbres, porque hacer mucho puede ser tan funesto como no hacer nada.


El hombre ha sido creado no para dudar sino para trabajar.


El hombre ha nacido para luchar, y es como se le define mejor diciendo que es un guerrero nato y que su vida desde el principio al fin no es sino una batalla.


La virilidad empieza cuando hemos aprendido a vivir en la necesidad.


La verdadera universidad de hoy en día es una colección de libros.


De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos.


Nunca debe el hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues esto no le servirá de nada. En cambio, en su poder está siempre mejorarlos.


El ideal está en ti; el obstáculo para su cumplimiento también.


¡Cuántas cosas hay en una risotada! Es la clave secreta con que se descifra un hombre entero.


Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos.


Siempre hay un lugar en las cumbres para el hombre valiente y esforzado.


A menudo los grandes son desconocidos o peor, mal conocidos.


Quien no trabaja no descansa.


Únicamente el trabajo con fe cumplido es eterno como el Constructor del universo.


Un gran hombre demuestra su grandeza por el modo en que trata a los que son o tienen menos que él.


Quien no puede guardar sus pensamientos dentro de sí, será incapaz de hacer grandes cosas.


Una verdadera pintura del más pequeño hombre es capaz de interesar al hombre más grande.


Un héroe lo es en todos sentidos y maneras, y ante todo, en el corazón y en el alma.


Hablar es el arte de sofocar e interrumpir el pensamiento.


Los libros son amigos que nunca decepcionan.


Una vez despertado el pensamiento no vuelve a dormitar.


El hombre no es más que un omnívoro que viste pantalones.


Sólo hay dos medios de pagar las deudas: por el trabajo y por el ahorro.


El silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes.


Aún en tus ocupaciones habituales trata siquiera por un día de guardar el secreto de aquello que intentas y a la mañana siguiente verás con mayor claridad tus ideas.


No hables, en manera alguna, hasta que tengas algo que decir.


Para disipar una duda, cualquiera que sea, se necesita una acción.


Aquél que tiene fe no está nunca solo.


Puede decirse que el grito de la historia nace con nosotros y que es uno de nuestros dones más importantes. En cierto sentido somos históricos todos los hombres.


Con números se puede demostrar cualquier cosa.


Toda noble empresa parece al principio imposible.


El periodismo es grande. Cada periodista ¿no es un regulador del mundo, si lo persuade?


La verdadera libertad del hombre consiste en que halle el camino recto y en que ande por él sin vacilaciones.


A dos hombres venero yo en este mundo: al labrador sufrido de mano callosa y nervuda, en la que permanecerá para siempre una real e indeleble majestad, puesto que en ella está el cetro de este mundo. Y a aquel que trabaja por las imprescindibles necesidades del espíritu; no por el pan cotidiano, sino por el pan de la verdadera vida.


Un monstruo hay en el mundo: el ocioso.


La verdadera nobleza consiste en saber valerosamente sufrir por los demás y no permitir que los demás sufran por nosotros.


Toda obra es deleznable, sólo su ejecución no lo es.


Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate.


El sarcasmo es el lenguaje del diablo.


Nada levanta tanto al hombre por encima de las mezquindades de la vida como admirar, sea lo que sea o a quienquiera que sea.


El presente es la viviente suma total del pasado.


La historia es como una destilación del chismorreo.


La corona de la verdadera nobleza es una corona de espinas.


La educación y la cortesía abren todas las puertas.


El inventor de una máquina puede estar seguro de que será recompensado en vida; pero el autor de un gran poema, así como el apóstol de una verdadera religión, han de estar casi seguros de todo lo contrario.


El único deber del hombre es andar siempre adelante.


Puede considerarse bienaventurado y no pedir mayor felicidad el hombre que ha encontrado su trabajo.


Un cuerpo sano es cosa buena; pero un alma sana vale más que todo lo que el hombre pueda desear; un alma sana es lo más hermoso que el cielo pueda concedernos para hacer feliz esta pobre tierra nuestra.


Una vida bien escrita es casi tan rara como una vida bien vivida.


El verdadero hombre siente su superioridad al reverenciar lo que realmente le supera. El corazón no abriga sentimiento más noble ni bendito.


El trabajo es vida.


El universo no es sino un vasto símbolo de Dios.


El genio es el infinito arte de trabajar con paciencia.


Trae el hombre reclusa en el alma una eternidad, y algo puede aprender el hombre en esta eternidad con respecto a la esencia de su alma misma.


De la conquista podemos decir que no se ha producido jamás por la fuerza y la imposición brutal, pues no dura una conquista de esta naturaleza. La conquista, lo mismo que el poder de imposición, ha de aportar, cosa esencial en toda sociedad humana, algún beneficio consigo, o bien los hombres con toda su fuerza la rechazarán.


Obedecer es el deber nuestro, es nuestro destino, y aquel que no quiera someterse a la obediencia será necesariamente despedazado.


El hombre que puede, es rey.


Sólo en un mundo de hombres sinceros es posible la unión.


El que no pueda guardar sus pensamientos, jamás sabrá analizar grandes cosas.




Thomas Carlyle, (1795-1881) Historiador, pensador y ensayista inglés.