No hay poder que no venga de Dios.

San Pablo

Nosotros debemos nuestra vida a dios, por eso si se la pagamos hoy, no se la deberemos mañana.

William Shakespeare

No hay que mentar la soga en casa del ahorcado.

Refrán

Mezcla a tu prudencia un grano de locura.

Quinto Horacio Flaco

Todo el mundo desea ser feliz, pero no que lo sea todo el mundo.

Jaume Perich

El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.

Friedrich Nietzsche

El que no piensa en sus deberes sino cuando se los recuerdan, no es digno de estimación.

Plauto

Debemos obrar como hombres de pensamiento; debemos pensar como hombres de acción.

Henri Bergson

Es mejor el uso de las riquezas que la posesión de ellas.

Fernando de Rojas

La belleza es el acuerdo entre el contenido y la forma.

Henrik Johan Ibsen

Michel Eyquem de Montaigne


Cien veces al día burlamos nuestros propios defectos censurándolos en los demás.


Toda persona honrada prefiere perder el honor antes que la conciencia.


A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco.


Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje.


No existe el presente: Lo que así llamamos no es otra cosa que el punto de unión del futuro con el pasado.


El mejor matrimonio sería aquel que reuniese a una mujer ciega con un marido sordo.


Cuidamos más que se hable de nosotros que de como se hable.


Aunque pudiera hacerme temible, preferiría hacerme amable.


La principal ocupación de mi vida consiste en pasarla lo mejor posible.


Quien no vive de algún modo para los demás, tampoco vive para sí mismo.


Nunca se logra ningún beneficio sin perjudicar a otro.


La cobardía es la madre de la crueldad.


El bien público requiere que se traicione, que se mienta y que se masacre.


Yo no cito a otros más que para expresar mejor mi pensamiento.


A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa.


El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo.


Yo no me encuentro a mí mismo cuando más me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero.


Para juzgar cosas grandes y nobles, es necesario poseer un alma igual de grande y noble.


Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara.


La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.


La ciencia es un cetro en ciertas manos, al paso que en otras tan solo es un palitroque.


La prueba más clara de la sabiduría es una alegría continua.


La vida no es en sí ni un bien ni un mal, sino el lugar del bien o del mal, según que el hombre practique lo uno o lo otro.


Quien quisiera que el hombre no conociera el dolor, evitaría al mismo tiempo el conocimiento del placer y reduciría al mismo hombre a la nada.


El que no esté seguro de su memoria debe abstenerse de mentir.


Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.


Cada virtud sólo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos.


El que, estando enfadado, impone un castigo, no corrige, sino que se venga.


El matrimonio es como una jaula; uno ve a los pájaros desesperados por entrar, y a los que están dentro igualmente desesperados por salir.


Incluso en el trono más alto, uno se sienta sobre sus propias posaderas.


La confianza en la bondad ajena es testimonio no pequeño de la propia bondad.


Las leyes mantienen su crédito no porque sean justas, sino porque son leyes.


El hombre sabio no lo es en todas las cosas.


Soledad: Un instante de plenitud.


Los juegos infantiles no son tales juegos, sino sus más serias actividades.


La verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo.


Saber mucho da ocasión de dudar más.


Es preciso prestarse a los otros, pero no darse sino a uno mismo.


De todos los beneficios que nos reporta la virtud, uno de los más grandes es el desprecio a la muerte.


La conciencia hace que nos descubramos, que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos, y a falta de testigos declara contra nosotros.


La belleza es una gran recomendación en el comercio humano, y no hay nadie que sea tan bárbaro o tan grosero que no se sienta herido por su dulzura.


El signo más cierto de la sabiduría es la serenidad constante.


El oro puede hacer mucho, pero la belleza más.


Prohibir algo es despertar el deseo.


No hay cosa de la que tenga tanto miedo como del miedo.


Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron.


Los celos son, de todas las enfermedades del espíritu, aquella a la cual más cosas sirven de alimento y ninguna de remedio.


Nos ocupamos mucho de ser gentes de bien según la ley de Dios; no sabríamos serlo según nosotros mismos.


La curiosidad de conocer las cosas ha sido entregada a los hombres como un castigo.


Mil rutas se apartan del fin elegido, pero hay una que llega a él.


Encuentro tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás.


Si no acaba con la guerra, no es una victoria.


Nada parece tan verdadero que no pueda parecer falso.


Nuestro deseo desprecia y abandona lo que tenemos para correr detrás de lo que no tenemos.


La muerte no os concierne ni vivo ni muerto: vivo, porque sois; muerto porque ya no sois.




Michel Eyquem de Montaigne, (1533-1592) Escritor y filósofo francés.