Entre todos los vestidos que yo he visto poner al orgullo, el que más me subleva es el de la humildad.

Henry Mackenzie

Se tiene la edad que se quiere tener, y también la edad del dinero que se tiene.

Jean Anouilh

Éramos pocos y parió mi abuela.

Refrán

La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

Juan Luis Vives

Un hombre sin virtud no puede morar mucho tiempo en la adversidad, ni tampoco en la felicidad; pero el hombre virtuoso descansa en la virtud, y el hombre sabio la ambiciona.

Confucio

La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.

Oscar Wilde

Contra más grande la cabeza, más grande la jaqueca.

Proverbio

Mis críticas son ligeras y sin hiel, porque no la hay en mi corazón, y la detesto en literatura.

Cecilia Bohl de Faber

El primer mérito de un cuadro es ser una fiesta para la vista.

Eugène Delacroix

No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.

Friedrich Schiller

Baltasar Gracián


El no y el sí son breves de decir pero piden pensar mucho.


La esperanza es un gran falsificador.


El mentiroso tiene dos males: que ni cree ni es creído.


No te pongas en el lado malo de un argumento simplemente porque tu oponente se ha puesto en el lado correcto.


Varón prevenido de cordura no será combatido de impertinencia.


Son los ímpetus de las pasiones deslizadores de la cordura, y allí es el riesgo de perderse.


Todos los necios son obstinados y todos los obstinados son necios.


Visto un león, están vistos todos, pero visto un hombre, sólo está visto uno, y además mal conocido.


Hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos.


No hay en el mundo señorío como la libertad del corazón.


Quien no tiene enemigos, tampoco suele tener amigos.


En la boca del viejo todo lo bueno fue, y todo lo malo es.


Donde acaba el deseo comienza el temor.


Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee.


Hay mucho que saber, y es poco el vivir, y no se vive si no se sabe.


Lo bien dicho se dice presto.


La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.


Métense a querer dar gusto a todos, que es imposible, y vienen a disgustar a todos, que es más fácil.


No hay peor sordo que el que no puede oír; pero hay otro peor, aquél que por una oreja le entra y por otra se le va.


Lo bueno, si breve, dos veces bueno.


El más poderoso hechizo para ser amado es amar.


Es desgracia habitual en los ineptos la de engañarse al elegir profesión, al elegir amigos y al elegir casa.


Sólo vive el que sabe.


Por grande que sea el puesto, ha de mostrar que es mayor la persona.


La fortuna se cansa de llevar siempre a un mismo hombre sobre las espaldas


Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros.


Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza.


Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo: incluso aquel que no tiene otra cosa cuenta con eso.


Pon un gramo de audacia en todo lo que hagas.


La confianza es madre del descuido.


Saber y saberlo demostrar es valer dos veces.


Es tan difícil decir la verdad como ocultarla.


Para prevenidos no hay acasos.


Ciencia sin seso, locura doble.


El que confía sus secretos a otro hombre se hace esclavo de él.


Obró mucho el que nada dejó para mañana.


Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene.


La queja trae descrédito.


La costumbre disminuye la admiración, y una mediana novedad suele vencer a la mayor eminencia envejecida.


¿Cuál puede ser una vida que comienza entre los gritos de la madre que la da y los lloros del hijo que la recibe?


El primer paso de la ignorancia es presumir de saber.


Es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos.


La retentiva es el sello de la capacidad.


Hase de hablar como en testamento, que a menos palabras, menos pleitos.


Señal de tener gastada la fama propia es cuidar de la infamia ajena.


A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.


Saber olvidar, más es dicha que arte.


No es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no la sabe encubrir.


Muchas veces nace la enfermedad del mismo remedio.




Baltasar Gracián, (1601-1658) Escritor español.