Los tímidos tienen miedo antes del peligro; los cobardes, durante el mismo; los valientes, después.

Jean Paul

El hábito convierte los placeres suntuosos en necesidades cotidianas.

Aldous Huxley

La rabia de los celos es tan fuerte que fuerza a hacer cualquier desatino.

Miguel de Cervantes Saavedra

La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen.

Ramiro de Maeztu

¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu.

André Maurois

Para conocer la dicha hay que tener el valor de tragársela.

Charles Baudelaire

Los solteros ricos deberían pagar más impuestos. No es justo que unos sean más felices que otros.

Oscar Wilde

Las ciencias tienen las raíces amargas, pero muy dulces los frutos.

Aristóteles

Es más fácil reprimir el primer capricho que satisfacer a todos los que le siguen.

Abraham Lincoln

El que quiere todo lo que sucede, consigue que suceda cuanto quiere. ¡Omnipotencia humana por resignación!. A esta resignación sólo por la gracia se llega.

Miguel de Unamuno


Jacinto Benavente


En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la victoria, se conoce al caballero.


No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano.


Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón.


El honor no se gana en un día para que en un día pueda perderse. Quien en una hora puede dejar de ser honrado, es que no lo fue nunca.


La vanidad hace siempre traición a nuestra prudencia y aún a nuestro interés.


Esperar es siempre temer.


El mal que hacemos es siempre más triste que el mal que nos hacen.


Ningún vanidoso siente celos.


Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas... ¿Qué valdría la vida?


No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos.


Mucha buena gente que sería incapaz de robarnos el dinero, nos roba sin escrúpulo alguno el tiempo que necesitamos para ganarlo.


Eso de que el dinero no da la felicidad son voces que hacen correr los ricos para que no los envidien demasiado los pobres.


La felicidad es mejor imaginarla que tenerla.


El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es que esta para morir.


La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final, un disgusto grande.


Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.


Poco bueno habrá hecho en su vida el que no sepa de ingratitudes.


No hay sentimiento que valga; el amor es una ocupación como otra cualquiera.


En cada niño nace la humanidad.


Una cosa es continuar la historia y otra repetirla.


Yo podría ser el último paria de mi reino, un leproso abandonado por todos, sin recuerdo y sin esperanza de goce alguno, y aún quisiera vivir.


Creedlo, para hacernos amar no debemos preguntar nunca a quien nos ama: ¿Eres feliz?, sino decirle siempre: ¡Qué feliz soy!


Es más fácil ser genial que tener sentido común.


Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.


No es humano el deber que por soñar con una humanidad perfecta es inexorable con los hombres.


La disciplina consiste en que un imbécil se haga obedecer por los que son más inteligentes.


En la vida, lo más triste, no es ser del todo desgraciado, es que nos falte muy poco para ser felices y no podamos conseguirlo.


El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.


El amor es lo más parecido a una guerra, y es la única guerra en que es indiferente vencer o ser vencido, porque siempre se gana.


Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro.


El único egoismo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor.


El amor es como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera, que las llamas los que están dentro.


En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca.


Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos.


Los dictadores pueden reformar las leyes; pero no las costumbres.


El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo.


Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes.


Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos.


Nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa.


Como en las deudas, no cabe con las culpas otra honradez que pagarlas.


La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe.


El enemigo sólo empieza a ser temible cuando empieza a tener razón.


Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa.


Bien sé que las mujeres aman, por lo regular, a quienes lo merecen menos. Es que las mujeres prefieren hacer limosnas a dar premios.


Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor.


Muchos creen que tener talento es una suerte; nadie que la suerte pueda ser cuestión de tener talento.


A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho.


El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.


Algunos escritores aumentan el número de lectores; otros sólo aumentan el número de libros.



Jacinto Benavente

Jacinto Benavente, (1866-1954) Dramaturgo español.