El hombre se precipita en el error con más rapidez que los ríos corren hacia el mar.

Voltaire

No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda.

Woody Allen

Los funcionarios son los empleados que el ciudadano paga para ser la víctima de su insolente vejación.

Pitigrilli

El egoísta sería capaz de pegar fuego a la casa del vecino para hacer freir un huevo.

Francis Bacon

No olvidemos jamás que lo bueno no se alcanza nunca sino por medio de lo mejor.

Victor Hugo

Una buena acción es una lección insolente para los que no tienen el valor de ejecutarla.

René de Chateaubriand

La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.

William Faulkner

Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido.

Oscar Wilde

No pudiendo cambiar los hombres, se cambian sin tregua las instituciones.

Jean Lucien Arréat

Donde todos piensan igual nadie piensa mucho.

Walter Lippmann


George Sand


La vida de un amigo, es la nuestra, como la verdadera vida de cada uno es la de todos.


Un hombre y una mujer son hasta tal punto la misma cosa que casi no se entiende la cantidad de distinciones y de razonamientos sutiles de los cuales se nutre la sociedad sobre este argumento.


He leído en alguna parte que para amarse hay que tener principios semejantes, con gustos opuestos.


No hay verdadera felicidad en el egoismo.


Nos damos bien a la pena y nos imponemos privaciones para curar el cuerpo; se puede, pienso, hacer lo mismo para curar el alma.


El puro es el complemento indispensable de toda vida ociosa y elegante.


No somos sólo cuerpo, o sólo espíritu, somos cuerpo y espíritu a la vez.


Nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo.


Hay que juzgar los sentimientos por los actos, más que por las palabras.


El tiempo no duerme los grandes dolores, pero sí los adormece.


Mi profesión es ser libre.


La mujer no existe. Sólo hay mujeres cuyos tipos varían al infinito.


La sociedad no debe exigir nada de aquel que no espera nada de ella.


No podemos arrancar una página del libro de nuestra vida, pero podemos tirar todo el libro al fuego.


No ames a quien no admires. El amor sin admiración sólo es amistad.


¡Dejadme escapar de la mentirosa y criminal ilusión de la felicidad! Dadme trabajo, cansancio, dolor y entusiasmo.


Amad. Es el único bien que hay en la vida.


Los médicos pueden enterrar sus equivocaciones, pero un arquitecto sólo puede aconsejar a su cliente plantar yerba.


La naturaleza es una obra de arte, pero Dios es el único artista que existe, y el hombre no es más que un obrero de mal gusto.


Mis viajes más bellos, los más dulces, los he hecho al calor del hogar, con los pies en la ceniza caliente y los codos reposando en los brazos desgastados del sillón de mi abuela [...]. ¿Por qué viajar si no se está obligado a ello? [...]. Es que no se trata tanto de viajar como de partir; ¿quién de nosotros no tiene algún dolor que distraer o algún yugo que sacudir?


El recuerdo es el perfume del alma.


Dios, que muestras nuestras lágrimas a nuestro conocimiento, y que, en su inmutable serenidad, nos parece que no nos tiene en cuenta, ha puesto él mismo en nosotros esta facultad de sufrir para enseñarnos a no querer hacer sufrir a otros.


¡Ay del hombre que quiere actuar sinceramente en el amor!


Nada se parece más a un hombre honesto que un pícaro que conoce su oficio.


El amor que es un necio a los veinte años es un loco del todo a les sesenta.


La desgracia, al ligarse a mí, me enseñó poco a poco otra religión, distinta a la religión enseñada por los hombres.


Las decepciones no matan, y las esperanzas hacen vivir.


La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma.


El que tiene buen corazón nunca es estúpido.


Amo; por lo tanto creo.


Dos cuerpos pueden juntarse para producir otro, pero el pensamiento sólo puede dar vida al pensamiento.


Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el camino más complicado.


El beso es una forma de diálogo.


El otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno.


Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.


El pensamiento es el corcel; la razón el jinete.


Hay amor propio en el amor como hay interés personal en la amistad.


Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría.


La inteligencia busca, pero quien encuentra es el corazón.


El verdadero modo de no saber nada es aprenderlo todo a la vez.


Amar sin ser amado, es como encender un cigarrillo con una cerilla ya apagada.


En la mujer, el orgullo es a menudo el móvil del amor.



George Sand

George Sand, (1804-1876) Escritora francesa.