Es difícil hacer justicia a quien nos ha ofendido.

Simón Bolívar

Negar a Dios será la única forma de salvar el mundo.

Friedrich Nietzsche

A quien madruga, Dios le ayuda.

Refrán

Si quieres trabajadores creativos, dales tiempo suficiente para jugar.

John Cleese

El que sólo practica la virtud para conquistar una gran reputación está muy cerca de caer en el vicio.

Napoleón Bonaparte

Un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero que no es capaz de convertirlo en experiencia.

Elbert Hubbard

Para triunfar en la lucha por la vida, el hombre ha de tener o una gran inteligencia o un corazón de piedra.

Máximo Gorki

Si es un deber respetar los derechos de los demás, es también un deber mantener los propios.

Herbert Spencer

La belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo.

Ninon de Lenclos

La naturaleza ha preparado mejor a las mujeres para ser madres y esposas, que a los hombres para ser padres y maridos. Los hombres tienen que improvisar.

T. Reik

Arthur Schopenhauer


Los amigos se suelen considerar sinceros; los enemigos realmente lo son: por esta razón es un excelente consejo aprovechar todas sus censuras para conocernos un poco mejor a nosotros mismos, es algo similar a cuando se utiliza una amarga medicina.


La arquitectura es una música congelada.


La rebeldía es la virtud original del hombre.


El cambio es la única cosa inmutable.


Muchas veces las cosas no se le dan al que las merece más, sino al que sabe pedirlas con insistencia.


Quien ha perdido la esperanza ha perdido también el miedo: tal significa la palabra "desesperado".


Un genio es el que es capaz de ver la idea en el fenómeno.


A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia.


El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.


El que no ama ya esta muerto.


Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad.


La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.


Con ciertas personas vale más ser traicionado que desconfiar.


La belleza es una carta de recomendación que nos gana de antemano los corazones.


Todo lo que ocurre, desde lo más grande a lo más chico, ocurre necesariamente.


Nadie es realmente digno de envidia.


La amabilidad es como una almohadilla, que aunque no tenga nada por dentro, por lo menos amortigua los embates de la vida.


La cantidad de rumores inútiles que un hombre puede soportar es inversamente proporcional a su inteligencia.


Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario.


Cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa.


Al que todo lo pierde, le queda Dios todavía.


Por vida feliz hay que entender siempre "menos desdichada"; es decir, soportable. Y realmente, la vida no se nos ha dado para gozarla, sino para sufrirla, para pagarla.


No hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige.


La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna.


El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales.


El honor es la conciencia externa, y la conciencia, el honor interno.


En la vejez se aprende mejor a esconder los fracasos; en la juventud, a soportarlos.


Los hombres vulgares han inventado la vida en sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos.


El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.


Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error.


El hombre es en el fondo un animal terrible y cruel. Lo conocemos como ha sido domesticado y educado por lo que conocemos como civilización.


Cada nación se burla de las otras y todas tienen razón.


Aunque el mundo contiene muchas cosas decididamente malas, la peor de todas ellas es la sociedad.


La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes.


Para millones y millones de seres humanos el verdadero infierno es la Tierra.


Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de oscuridad para brillar.


En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.


La cólera no nos permite saber lo que hacemos y menos aún lo que decimos.


La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da.




Arthur Schopenhauer, (1788-1860) Filósofo alemán.