El secreto de poner en ridículo a las personas reside en conceder talento a aquellos que no lo tienen.

Cristina II

Yo creía que la ruta pasaba por el hombre, y que de allí tenía que salir el destino.

Pablo Neruda

La capacidad de atención del hombre es limitada y debe ser constantemente espoleada por la provocación.

Albert Camus

La facultad del oído es una cosa sensible: muy pronto se sacia y al poco tiempo se cansa y aburre.

Martin Lutero

El amor a la patria no conoce fronteras ajenas.

Stanislaw Jerzy Lec

Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas.

Françoise Giroud

No es bueno ser demasiado libre. No es bueno tener todo lo que uno quiere.

Blaise Pascal

La traición supone una cobardía y una depravación detestable.

Barón de Holbach

En asuntos internacionales, la paz es un período de trampas entre dos luchas.

Ambrose Bierce

En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.

Eugenio Trias

Concepción Arenal

Concepción Arenal


Los grandes egoístas son el plantel de los grandes malvados.


El amor vive más de lo que da que de lo que recibe.


Hay tanta justicia en la caridad y tanta caridad en la justicia que no parece loca la esperanza de que llegue el día en que se confundan.


Todo poder cae a impulsos del mal que ha hecho. Cada falta que ha cometido se convierte, tarde o temprano, en un ariete que contribuye a derribarlo.


El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras.


Colectividad que no sabe pensar, no puede vivir.


Abrid escuelas y se cerraran cárceles.


La caridad es un deber; la elección de la forma, un derecho.


El tedio es una enfermedad del entendimiento que no acontece sino a los ociosos.


El amor es para el niño como el sol para las flores; no le basta pan: necesita caricias para ser bueno y ser fuerte.


Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas.


Absurdo sería pedir al cálculo lo que puede dar la abnegación.


Entre los que son igualmente malos no hay paz si no es la impuesta por el miedo de alguno que es peor.


La injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado.


¿Los pobres serían lo que son, si nosotros fuéramos lo que debiéramos ser?


Sustituir el amor propio con el amor de los demás, es cambiar un insufrible tirano por un buen amigo.


Cuando no comprendemos una cosa, es preciso declararla absurda o superior a nuestra inteligencia, y generalmente, se adopta la primera determinación.


Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie.


Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen.


El dolor es la dignidad de la desgracia.


Un hombre aislado se siente débil, y lo es.


La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.


La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano.


Todo lo que endurece, desmoraliza.


Cuanto más se dividen los obstáculos son más fáciles de vencer.


El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído.


El pobre se arruina en el momento en que deja de ser sobrio.


El error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea.


El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda.


Es raro, muy raro, que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a la orilla.


Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.


El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.


No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.


En muchos casos hacemos por vanidad o por miedo, lo que haríamos por deber.



Concepción Arenal

Concepción Arenal, (1820-1893) Escritora y socióloga española.