Si falta la diplomacia, recurrid a la mujer.

Carlo Goldoni

El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.

Plutarco

¿Cómo se llama al animal más temible? Preguntó un rey a cierto sabio. Y éste respondió: los salvajes le llaman tirano; los mansos, adulador.

Gotthold Ephraim Lessing

Prefiero el bastón de la experiencia que el carro rápido de la fortuna. El filósofo viaja a pie.

Pitágoras de Samos

El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.

Arthur Schopenhauer

No hay pecado tan grande, ni vicio tan apoderado que con el arrepentimiento no se borre o quite del todo.

Miguel de Cervantes Saavedra

El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.

Platón

Los celos son una mezcla explosiva de amor, odio, avaricia y orgullo.

Jean Baptiste Alphonse Karr

Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza.

Edgar Allan Poe

Son vanas y están plagadas de errores las ciencias que no han nacido del experimento, madre de toda certidumbre.

Leonardo Da Vinci

Antoine de Saint-Exupéry


No tengo derecho a decir o hacer nada que disminuya a un hombre ante sí mismo. Lo que importa no es lo que yo pienso de él, sino lo que él piensa de sí mismo. Herir a un hombre en su dignidad es un crimen


Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos.


Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada.


Lo que embellece al desierto es que en alguna parte esconde un pozo de agua.


El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo.


Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.


Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía.


Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.


Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor.


La perfección se logra al fin, no cuando no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que obtener.


Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.


Si busco en mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero, si hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con aquellas que no me procuraron ninguna fortuna.


Uno es para siempre responsable de lo que domestica.


Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero.


La guerra es una enfermedad como el tifus.


Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.


Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula.


El avión es solamente una maquina, pero qué invento tan maravilloso, qué magnífico instrumento de análisis: nos descubre la verdadera faz de la Tierra.


Tener un amigo no es cosa de la que pueda ufanarse todo el mundo.


El fracaso fortifica a los fuertes.


La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio.


El amor es lo único que crece cuando se reparte.


El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.


La justicia es el conjunto de las normas que perpetúan un tipo humano en una civilización.


Un objetivo sin un plan es solo un deseo




Antoine de Saint-Exupéry, (1900-1944) Escritor francés.